Historia

Artículo de opinión publicado en el Diario Levante el 31 de mayo de 2015. (Ampliado).

Chocar, caer, levantarse y continuar.

Muchos años han pasado desde aquel abril de 1980 en que el Club de Rugby La Safor jugó su primer partido contra el Játiva R.C. Después de estos primeros 35 años los que formamos aquel grupo pionero nos atrevemos a mirar atrás y recordar el difícil comienzo. Contra todo pronóstico conseguimos que la semilla sembrada a principio de los 80 germinase hasta convertirse en uno de los clubes más importantes de la Comunidad Valenciana. Sin prácticamente ninguna ayuda, salvo la del Sr. Ignacio Malonda sin el cual el rugby posiblemente solo hubiese quedado en un intento en aquellos primeros años. Una vez más le mostramos nuestro agradecimiento por su gran apoyo después de perder el tan necesario campo de rugby programado en el proyecto de la pista de atletismo de Gandía.

Muchos han sido los viajes a los numerosos campos en que los equipos de La Safor ha tenido que peregrinar para poder jugar sus partidos. Muchas temporadas de sufrir el abandono de las instituciones con la grave excusa de ser un “grupo de amigos”. Muchas las ocasiones en que la comparativa con los otros deportes, mayoritarios y minoritarios, ha perjudicado el deporte del oval. Pero con el espíritu que caracteriza a este deporte, después de cada caída solo existe una opción: levantarse y continuar.

Temporada tras temporada aquellos muchachos casi desconociendo el deporte que empezaban a practicar, pasaban por la mayoría de edad deportiva adquiriendo madurez y conocimientos por méritos propios. Obligados por la falta de atención de gran parte de la sociedad aprendimos que aquella frase “si quieres que algo se haga bien, has de hacerlo tu mismo” era real y no debíamos esperar ayuda externa.

Pues aquellos imberbes pioneros empezaban a dejar atrás el vello juvenil para hacerse mayores viviendo una época apasionante de descubrimiento de libertades y apertura a otros paises, otras culturas y sociedades con varias décadas adelantadas a la realidad nacional. Y en aquellos cultos paises se apreciaba y quería un deporte brusco pero noble. Sorprendentemente con una declaración de amateurismo que impedía a sus jugadores cobrar o hacer publicidad.

Quedaban muchos aspectos por descubrir. Y para hacer este descubrimiento apareció Fernando Pastorino, argentino, bohemio y con una personalidad que nos captó inmediatamente. Fue una casualidad encontrarnos, y quizá un destino del cual no ibamos a poder escapar. Un estilo de vida ligado al deporte del rugby. Empezamos a entender muchas cosas, sobre todo una comprensión de la vida que va más allá de una práctica deportiva.

Han pasado muchos años, mejores y peores, pero siempre con el mismo espíritu. Temporadas con opciones de llegar a división nacional y otras en las que casi nos costó desaparecer. Varias veces se inició el trabajo con los equipos de la escuela y femenino. Por suerte apareció algún apoyo de patrocinadores que nos ayudaban a continuar para que no fuese tan costoso para nuestro bolsillo. Nuevas directivas con objetivos nuevos y muy costosos de obtener. Entrenadores extranjeros con un gran caché, un buen sueldo y muy poca ayuda.

Ya hace ocho años que Arturo García decidió hacerse cargo de la presidencia del C.R. La Safor y al mismo tiempo se reiniciaba el trabajo con la escuela. Volver a poner el club al nivel que se merece iba a costar mucho esfuerzo. Con solo un equipo senior y muy justo de jugadores, había que recomponer un club que funcionó una década gracias a la decicación de unos pocos, aprovechando el tiempo libre que les dejaba su trabajo.

Pero en esta ocasión volvía el corazón y espíritu de aquellos pioneros que a principio de los 80 comenzaron la aventura del rugby en Gandía., aunque más mayores y con más experiencia. Sabiendo como hay que hacer las cosas y donde acudir para solucionar problemas, si es posible solucionarlos.

Esta etapa ya está dando sus frutos con jugadores formados en la escuela de rugby que aportan juventud y experiencia, venidos de las categorías inferiores. Ayudando a que los más veteranos tengan su merecido descanso después de tantos años de lucha. En esta temporada que se cierra se ha participado en las ligas de todas las categorías, incluido el siempre complicado de lograr equipo femenino. Ya no nos queda ninguna asignatura pendiente, salvo la de cerrar cada curso con el aprobado alto y trabajando para poder llegar al notable. Muchos jugadores convocados con la selección valenciana de su categoría y alguno acudiendo a los llamados del combinado nacional ayudan a subir nota.

¿Que más se puede pedir?

Ah, sí. ¿Y por que no un campo de rugby?

En estos 35 años solo ha habido algo que no ha cambiado porque nunca ha existido. El tan ansiado y necesario campo de rugby. Aunque la última promesa parece ya cada vez más cercana de realizarse. Demasiado lento cada paso y con la sensación de que nunca llega lo suficientemente pronto. Esperado y necesario como agua de mayo para poder superar el estancamiento que se sufre en la actual instalación, que tampoco cumple ninguna de las normas de juego ni de seguridad.

En estos años se han obtenidos muchos éxitos sobre todo en las tres últimas temporadas, en esta instalación precaria y peligrosa. Cada año más participantes en todas las categorías. Y nos preguntamos que hubiese pasado de haber tenido el campo de rugby cuando estaba previsto. Esperemos que en esta ocasión la suerte nos acompañe y se premie el trabajo de todos los que en algún momento han trabajado por este deporte.

Ha sido una carrera de fondo en la que hemos visto a otros deportes recibir el premio mucho antes que nosotros e incluso quedando en peor posición. Después de conseguir campeonatos, aumentar el número de participantes año a año y muchos más logros vemos que cada temporada se recorta el uso de la pauperrima instalación, quedando reducida a ½ campo para más de 50 chavales, dos días a la semana y con 2 horas por día. Por suerte no vienen todos los jugadores de las 5 categorías de la escuela, porque no caben.

Pero estamos acostumbrados a lo difícil y por eso con una felicitación y palmadita en la espalda nos quedamos más que contentos. Hasta que la mayoría de padres de nuestros jovenes nos preguntan ¿por que dejáis que os traten así?

Y no sabemos que contestar.

Después de 35 años aún escucho la odiada frase de “Ah, ¿pero hay rugby en Gandía”. Mi última contestación ha sido “Tu no miras mucho la prensa, ¿verdad? Porque salimos casi todas las semanas un par de veces”. (Gracias Salva).

————————————-

Quan, pel vinté aniversari del nostre club (any 2000), la revista del Casal Jaume Primer ens va demanar de fer un breu resum de la nostra trajectòria, la tasca ens va semblar encoratjadora però, al mateix temps, dura i complicada (entre d’altres coses, per les limitacions d’espai que imposaven les circumstàncies). Malgrat tot, vam acceptar el repte. La responsabilitat (i l’honor) va recaure sobre mi i, segurament amb més voluntat que encert, vaig confegir (a còpia de records i de preguntes) aquest parell d’articles que a continuació us oferim.

Esper que us facen profit.

20 ANYS DE RUGBI (I)

El naixement d’un club

Això diu que era l’estiu de 1979.

Un servidor se n’anà per passar un mes a la Platja de Cullera. Però no de vacances, no us penseu. La realitat era ben altra. Allà m’esperava un treball de cambrer a un negoci familiar, junt al meu amic i company d’estudis, Julio Bronchal, el seu germà José, i un cosí d’aquells que vivia a València.

Aquest últim (Francis, li dèiem) portà un balò de rugbi, car aleshores ell era jugador del club Abelles, de la capital. I així, entre hores de servir gelats, d’agranar la terrassa, de netejar els vidres… trobàrem moments per a l’esplai, per baixar a l’arena calenta a passar-nos el baló o a córrer per entre els estupefactes turistes.

El cosí Francis ens donava rudimentàries instruccions sobre el “noble joc del rugbi”, que nosaltres ja consideràvem propi. El verí estava injectat. La llavor havia estat sembrada.

Des d’aquell mateix moment, tots tres vam fer propòsit d’incorporar-nos a l’equip cadet del club del cosí Francis en començar la temporada oficial.

I ho vam fer. Cada dissabte, sent encara nit tancada, ens trobàvem a la RENFE de Gandia, on agafàvem l’omnibus de les 6:05 ó el de les 6:55 h. El pitjor era quan, per no importa quin motiu, havies de fer el viatge tot sol. Prop de dues hores més tard, arribaves a l’Estació del Nord, de València, abans de les 9:00. Des d’allà, una caminada fins a la seu del club, a prop del Passeig de la Petxina. Allá ens canviàvem de roba, i rebíem algunes indicacions de l’entrenador. Després, vestits de curt i amb les botes ben cordades, enfilàvem el camí del riu per jugar en els durs i pedregosos camps del vell llit del Túria. Unes setmanes després se’ns van afegir dos companys de classe: Jean Françoise (el francés) i Salvador Xaixo. I així va anar la cosa des d’octubre fins desembre. Però aquells Nadals del 79 al 80, tot havia de canviar.

En una de les nostres passejades pel Carrer Major, Placeta del Segò i Passeig de Germanies, a Julio i mi ens va vindre la pensada d’intentar muntar un equip a la nostra ciutat. Amb els amics i coneguts n’hi hauria prou per començar. Durant els dies següents maduràrem la idea. Club de Rugbi La Safor seria el nostre nom, perquè teniem clara la vocació comarcal. La decisió era ferma i, tan bon punt vam tornar a l’Institut (que llavors encara conservava el nom d’aquell…) començàrem a convèncer gent del nostre entorn.

A les poques setmanes ja teniem un grapat d’entusiastes aspirants a jugador de rugbi. Gent de Gandia, per suposat, però també d’Almoines, El Real, Xeraco, La Font, etc. I a nosaltres dos, que només sabíem que s’ha de còrrer cap avant i passar cap arrere, ens pertocava la tasca d’instruir-los. Ben mirat, potser fou millor així.

De manera inconscient en aquells moments, acabàvem d’encetar el nostre particular Viatge a Itaca. I ,com bé diu el poema i la cançó, havia d’estar ple d’aventures i de coneixences.

Els entrenaments, si és que se’ls podia dir així, van començar sent a l’arena de la platja (aquesta vegada la de Gandia, és clar). Després aconsseguirem permís per compartir l’anomenat Camp B amb molts altres esports. Allò semblava una cazzba més que no una instal.lació esportiva, però, amb les estretors pròpies de l’època i les circumstàncies, i alguna que altra topada accidental, ens vam acabar sortint (més o menys). A  banda d’això, els dissabtes anàvem a una mena de solar que hi havia (ara són blocs d’apartaments) al darrere del cine Miami (que tampoc existeix ja) i allà fèiem partidets d’entrenament per anar perfilant l’aliniació.

La sort va voler que un argentí, que vivia en una caseta que gairebé fitaba amb aquell descampat, ens veiés i s’acostara per conèixer-nos. Fernando Pastorino era el seu nom (ara fa poc més d’un any que ha faltat, allà al Brasil, on la vida i el seu natural de rodamòn l’havia dut feia temps. El meu emocionat homenatge des d’ací). Fernando havia estat jugador al seu país i es va mostrar disposat a ajudar-nos. La seua experiència i simpatia i la nostra empenta van suplir la seua informalitat i les nostres carències. Finalment, després de dos mesos de provar i aprendre, ens faltava alguna cosa… jugar!

No va ser tasca senzilla, trobar un equip amb qui enfrontar-nos, car ignoràvem totalment l’existència de la Federació, dels Delegats de Club, i totes eixes coses. Finalment, no sé ben bé com, aconsseguírem el telèfon d’un jugador del Xàtiva (equip ja desaparegut). Acordàrem data i lloc, a Xàtiva (no cal dir-ho), perquè nosaltres mancàvem aleshores d’instal.lació adient. I allà que ens n’anarem, Diumenge de Rams de 1980. De bon matí, puix que el camí era llarg, sobretot si s’havia de fer en Vespes de 74 cc. i Bultacos Enduro, a raó de dues persones (més equipatges) per moto.

Guanyàrem 20 a 10. Estàvem farcits d’alegria. Ho vam celebrar com si haguerem descobert “El Dorado”.

Es podia dir que la criatura havia nascut… i gaudia de bona salut.

Va ser curiòs, perquè havien transcorregut, exactament, nou mesos.

20 ANYS DE RUGBI (II)

Un llarg camí

Recorde que, poc després d’aquell primer partit i victòria, en una conversa entre Julio i jo, ens vam adonar que allò ja no ens pertanyia, si de cas érem nosaltres qui li pertanyíem. Semblava evident que tenia vida pròpia, i començava a actuar pel seu compte. Ara sí, per primera vegada des que va començar l’aventura, érem ben conscients que el club ens transcendiria a tots. Cada any, per Setmana Santa o Pasqua, per tal de celebrar aquella fita, juguem un encontre entre els més novells i aquells altres que ja duen molts anys al club, incloent-hi els qui fa temps que no practiquen. Trofeu Veterans l’anomenem, i ja en portem divuit. És un acte social d’un caire molt especial, on es retroben vells amics, on conviuen joventut i experiència, on tornen a les boques velles cançons i anècdotes divertides, potser sempre les mateixes i, tanmateix, renovades any rere any.

Després d’aquell esperançador començament només quedava una opció: seguir endavant. Dos partits amistosos més (derrota en Tavernes i victòria en Cullera) i ens vam plantar en la temporada 80-81. Férem equip jovenívol federat i entràrem en la Lliga.

Potser fent honor al nostre nom, Club de Rugbi La Safor, jugàrem practicament en tots els camps de futbol de la comarca, perquè els ajuntaments i/o els clubs no acabaven de veure amb bons ulls la nostra presència. Don Ignacio Malonda, aleshores regidor d’esports de l’Ajuntament de Gandia, venia amb nosaltres cada vegada que jugàvem com a local, per tal d’assegurar que ens deixarien entrar al camp (el lloguer del qual s’havia encarregat personalment de pagar). Que jo recorde, almenys en una ocasió (no és cap broma) va haver de telefonar la Guardia Civil per fer valdre els nostres drets.

Enmig de tota aquella follia, nosaltres tractàvem de dedicar-nos simplement a jugar; potser no de manera massa virtuosística ni del tot ortodoxa, però, segons paraules d’algun entrenador contrari, corríem com a dimonis. En l’últim partit d’aquella primera temporada, ens anava el campionat front al prestigiós València, però els punts amb el peu del seu apertura ens llevaren l’oportunitat de fer història. A partir d’ací va vindre el pas a categoria senior, els anys de jugar al Camp B, després a La Banyosa (Beniopa), i per últim, de retruc, a la Platja, ja a finals del vuitanta.

La fallida promoció d’ascens del 87-88, i l’ascens de debó, dos anys més tard.

L’anguniosa i injusta temporada del 92-93. Després, l’arribada de Frank Shelford, ex-All Black, i la perduda promoció a Nacional.

Els enfrontaments interns (?) portaren a la dispersió de jugadors i a l’angoixa pel futur del club durant uns mesos per a l’oblit.

Però la reacciò positiva de les bases del club i l’ajuda de Carlos Bottarini, ex-Puma, van fer possible el renaixement, fins el dur colp del nostre benvolgut amic Ivan.

Un lent marciment s’apoderà de gairebé tot el mòn.

I ja dos anys, els darrers, de letàrgia. De mantindre poc més que el nom del club.

D’intentar, entre una dotzena escasa de persones, que no desaparegués per sempre allò que tantes hores de preocupació ens havia costat i tantes alegries ens havia dut al cor. Dos anys sense crear il.lusió, només sobreviure. Dos anys de col.laboració, quasi assimilació, amb el Cullera.

Malgrat tot, el nostre sincer agraïment al club germà.

Fins al dia de hui, en que tot sembla haver tornat al seu lloc natural, en que tota la lluita de vint anys assoleix sentit.

Els que no havíem abandonat en cap moment, recollint (no podíem deixar de fer-ho) un sentiment, potser barreja de nostàlgia i coratge, d’alguns ex-jugadors, ens plantejem la recuperació de l’equip senior, com a primer pas per rellançar el club a tots els nivells. L’aposta és forta. El resultat, sorprenent.

Vint i cinc fitxes senior federades, un equip Infantil i un de Cadet, tots tres participant en Lliga. Però sobretot, un flaire, un ambient, una espècie de covenciment d’haver recuperat, definitivament, una cosa que ens volgueren furtar: un club, un grup humà, una idea. Perquè, el nostre crit de guerra (Anyanya-Panya-Nyegüei // Ab-bahú // Ah-güih-qui) no té cap significat, però perfectament podria voler dir “Primer són les persones”.

Santiago Díaz i Cano (1999).